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LA OFICINA EMBRUJADA



Tengo un monstruo en mi oficina, por un tiempo trate de ocultarlo pero él insiste en hacerse presente públicamente. Llegó unos cuantos días después de que decidí enfocarme en la historia de fantasmas que estoy escribiendo y ahora se rehúsa a irse.

Hace unas cuantas semanas estaba ocupada escribiendo cuando noté alguna ropa sucia fuera de su lugar, como ese día me prometí no distraerme de mi trabajo no puse mucha atención, pero al poco tiempo la ropa sucia se movía por sí sola. Siguió acumulándose hasta cubrir completamente mi escritorio, fue entonces cuando resulto difícil ignorarlo y tuve que continuar mi en la mesa de la cocina.

Esta historia puede resultar un tanto exagerada, pero la realidad es que la ropa sucia siguió acumulándose hasta llegar a ser el doble de su tamaño inicial. Mi familia le temió por un tiempo porque no dejaba de crecer, creció y creció por días hasta adquirir voz propia. Aveces cuando me encuentro sola en casa puedo escuchar que me llama por mi nombre, este monstruo me grita desde las entrañas de sus pulmones (si es que tiene pulmones) y me incita a confrontarlo, pero yo me he negado. Es que no puedo parar de escribir, tengo que seguir enfocando toda mi energía para terminar mi proyecto en la fecha pactada publicación.  

Con la esperanza de que se marche, los más valientes de mis familiares han tratado de culminarlo sin ningún éxito, es que él es masivo, feroz, y lo más importante es que se niega a marcharse de su nuevo hogar. Es difícil de aceptarlo pero mi familia ya hasta se acostumbró a él, ya lo bautizaron y se dirigen a él por su nombre, lo llaman La Montaña de la Ropa Sucia. Hasta el día de hoy yo me niego a aceptar su presencia, para mí sólo él es el monstruo que atenta contra mi creatividad, la bestia que seguiré ignorando sólo por puro miedo de que siga creciendo y se apodere completamente de mi casa.

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